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jueves, 6 de diciembre de 2012



Tiempos.

Y dícese de los días que pasan como hojarasca de otoño,
dejando su recuerdo en la deriva de las calles húmedas,
de esos días cálidos donde la brisa envolvía sus suspiros
en los atardeceres de verano con ansias a otoño.

Escucho historias en cánticos de época de Natividad,
sentimientos encontrados en épocas de austeridad
pretendiendo sufragar los lamentos en una envoltura
con su nota refiriendo una felicitación a un evento divino.

Mi mente se contrapone en época de Adviento
que se desvanece conforme pasa el tiempo,
me aferro a mi vieja usanza, a dogmas pregrabados,
a metáforas escritas más de dos mil años.

Humanidad que desemboca en preceptos audaces,
en palabras de contrapunto, envolventes y seductoras,
perdiendo el sentido realista, existencialista, degollado
por certero formulismo banal que nos enfrenta.

Deidades desnudas en la comparsa desquiciada,
carpa de circo que degüella al inocente,
frente a la paradoja del tiempo que persiste
en borrar las inocentes creencias de la vida y muerte.

Recuerdo como si fuese ayer las letanías de niños,
enmarcando su camino a la puerta pidiendo asilo
risas y cantos arrullando al niño, partiendo piñatas
y jugando la cuerda que pendía la suerte al aire.   

Aun recuerdo tus manos fabricando adornos,
colgando en un árbol luces de colores, esferas brillantes
y la fragilidad de la inocencia esperando impaciente
la llegada del artesano que dejaba los regalos.

Días del pasado llegan a mi memoria como saetas
de tiempos lejanos, hundiendo sus puntas en mis sienes
donde mirando a mi derredor imágenes de comercio
vendiendo entre las marquesinas dulces y caramelos.

Donde quedo la inocencia de la infancia estéril,
ahora contaminada en juegos de video y Mario Bros.
¿Donde ha quedado la inocencia de espera?
escribiendo  las cartas a los Reyes Magos.

¿Donde quedaron las caras de asombro?
eso juegos de niños donde todos compartían
los regalos aparecidos mágicamente en el nacimiento
donde los sueños se volcaban en imaginarios amigos.

Aun recuerdo el olor a Ponche o Champurrado
hecho por Doña Rosita y compartiendo en la posada
que tocaba en la noche villancicos de esperanza,
olvidando rencillas con el vecino de la tienda.

Aun recuerdo todos unidos en familia, la cuadra
cerrada para festejar el final de un año de lucha,
Doña Martha con sus sopes y pambazos
Y mis mejillas rojas por la alegría y risas.

¿Donde se fueron esos tiempos? donde se quemaba
al viejo y de arrullaba al año nuevo, viendo a las
señoras barrer sus casas iniciando el primero de Enero,
o Don Marcelo sacando su maleta esperando su viaje soñado.

Deseos de una época donde los hombres componían
canciones de amor a sus amadas princesas,
mujeres bordando sus sueños en el viento
deseos de un mundo cambiante pero con añoranza.

Miro hoy los recuerdos al ver a los niños,
con sus miradas atónitas en una maquina
que roba su atención a lo que la madre dice,
perdiendo la mágica risa al crear sus juegos.

¿Dónde ha quedado la humanidad?
despertando en una avalancha de mercantilismo,
en un sinfín de guerras monopolizadoras,
en un mundo hablando de profecías Mayas.

¿Donde estoy Yo en esta paradoja de tiempo?
donde lo retro es una tendencia modernista,
encasillando los recuerdos de tiempos austeros
a una época de dinero y guerras de poder.

Aquí estoy Yo en la lucha diaria,
de no ser devorado por el monstruo de mil ojos,
por ese personaje mítico llamado ignorancia
y poder dar al mundo la palaba que crezca.

José Flores.
12/6/12.

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