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domingo, 11 de noviembre de 2012

Distancia.





Despierto entre la madrugada del Domingo,
de un día cualquiera, en un lugar ajeno,
mis pertenencias sepultadas en un amanecer
donde los recuerdos se achocan en sus rincones.

Remolinos de tiempo desmembrando recuerdos,
tu sonrisa como eco del tiempo timbrando
en los muros de esta casona desolada de ti,
de tus pasos desnudos y abanicando tus caderas.

Distancia entre los recuerdos y las realidades
que no hieren con sus saetas rusticas, roídas
desmembradas de ignorancia, orgullos punzantes
de ambigüedades hipócritas de una sociedad.

Despierto en la madrugada del Domingo,
desafiando el paso del reloj en mis pensamientos
de mundos perfectos y añoranzas de pubertad
desenfrenada en las esquinas de los parques.

Mis manos encalladas en mi cabello crespo,
secuelas del tiempo desmesurado y cruel
que lleva en sus remansos aquellos lamentos
de no haber besado tus labios en la noche.

Ahora la distancia se desploma insensata,
despreocupada y aberrante en su camino
donde solo tu aroma mora mis muros,
esos mismos que sostuvieron tu cuerpo.

Desquebrajo los dinteles de las mamparas
quejumbrosas por el pasar de los días,
en la soledad de la penumbra que sepulta
sus ensoñaciones de tiempos mezquinos.

Miro tu rostro colgado de las paredes,
de mis arrebatos de soledad perenne
encontrando eco a mi desolación
con ese adiós sin palabras, ni besos.

Hoy al final de esta distancia sepulto
en la oquedad de mis recuerdos,
los residuos de tu amor en silencio
y arrebato mi corazón de tus manos.

José Flores.
11/11/12.

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