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lunes, 5 de noviembre de 2012

Suicida.




Miro tu cuerpo desvanecido en el lecho,
mis manos inertes se desploman suicidas
en las caricias que se pierden en tu piel
llena de recuerdos ambiguos del amor.

Despierto en cada segundo del reloj
que infame marca el tiempo de tu sueño,
entre la madrugada y la noche que finiquita
este presagio de los besos enclavados.

Acompaño mis plegarias descarriadas
en cada instante que sufrago mis ansias,
al verte desnuda en las noches tibias
deslizando mis labios en su agonía.

Mis sueños se sacrifican en sus ásperas
comisuras entre la realidad y la ilusión,
sueños húmedos que se fraguan incrédulos
al roce de tus senos pecaminosos.

Mis manos suicidas se desploman en ti,
en esta brevedad de la noche que gime
sus dolencias de amante decadente de amor,
en su interminable deseo de besos angustiados.

Lleno mi mente con tu memoria taciturna
y decanto mis ansiedades con tu saliva,
en cada beso que derramo en el recorrido
que este suicida deja marcando su camino.

Desuello mi torso para incrustar mi corazón
y verter mi capricho de amante furtivo,
deshojando sus flores en el atardecer y
desprendiendo tu esencia enardecida.

Dejaré esta vida en tus manos, siendo el suicida
que abandone en la deriva de tus anhelos esta vida,
apaciguando tus desvelos de noches inertes
dejando mi canto en el alba y durmiendo en tu pecho.

©José Flores.
11/5/12.

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