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miércoles, 30 de enero de 2013

Soledad.




Mi piel transpira las secuelas del tiempo,
desertor del mundo me interno al misticismo
donde mis plegarias se confabulan una a una
con los secretos que mi pecho segrega.

Crepúsculo de la vida, antagónico desvelo
de una dicha fugaz en un mundo siniestro,
las gaviotas ausentes en la playa negra
y mis recuerdos desbordados en los mares.

Donde se lavan los pecados de mi pasado,
llevándose en su deriva mi inocencia,
dejándome desnudo en cada amanecer
de una noche desvenada y de pasión.

Me interno en las profundidades de tus mares,
en la intimidad de tus ensoñaciones perpetuas
donde encuentro mi nicho como susurro de viento
dejando mis añoranzas navegando en tus olas.

Amaneceres llenos de remembranzas,
atardeceres en la penumbra de tus brazos
esperando la noche caiga para internarme
en los esteros de tus besos que me hieren.

Esta piel que desangra su pasión de tenerte
solo una noche más donde poder amarte,
un recuerdo de los misterios de tus caricias
que llegan como gaviotas habitando mis playas.

Soy tu recuerdo, tus suspiros, tus lágrimas
que recojo una a una con mis labios
en la ensoñación de tus recuerdos marchitos
por el tiempo que marcha sin temor por tu cuerpo.

Déjame tomarte entre mis olas, déjame llenarte
de caricias inmaculadas, déjame postrar mis ojos
en la intimidad de tu cuerpo para amarlo dulcemente,
para llevarte entre mis recuerdos de amante.

José Flores.
1/28/13.

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